VII
Si de dormida pereza
está hecha mi alma,
te pido Dios de mis hijos,
no la hagas despertar.
Justamente, mis quejas se pierden,
el hoyo se muestra ante mí
como la fuace de un león,
totalmente dispuesto.
La voz se pierde,
los sentidos se apagan,
al final te pierdes,
sin sentido.
Quisieras que todo fuera nuevo,
fantásticamente iluminado.
No hay una guerra en tu cuarto,
los soldaditos terminan de plástico;
tu mano es poderosa,
sólo si encuentras el trato.
¡Ah! Qué fácil...
De haberse dado,
ya me hubiera salvado.
¡Ayudame! —grita mi alma—,
parece no sentirse escuchada.
VIII
La madera de mi alma
parece mostrarse infinita...
IX
Si de tu manera yo me veo,
comprando palabras de tartamudos,
en serio, te ruego, libera mi caos.
Mi corazón como boca se halla,
cuando la piel de tacto suave
sua puesta cual traje.
Joder tendrás, cual salvaje,
si demostrarme quieres
que un humano tú eres.

No hay comentarios:
Publicar un comentario