Powered By Blogger

viernes, 26 de octubre de 2012

Salvaje Esperanza

Cargar con mi cruz no es resignación,
ya no noto mi vida como eterno proemio.
Me enfrento al suelo, del alba al crepúsculo,
al cerrar el círculo el enemigo aquí está,
y decir mi apelativo nunca sirvió de algo.
Ancianos muertos han forjado mi sendero
—fugaces ráfagas que me llenan de cicatrices—,
apagando mi estrepitosa sed
mas dejándome muerto de hambre.

Sonrisas incoherentes inundan mi alma,
cuervos listos para acercarse,
esperar la distracción y arrancarme tu tesoro.
Mujer de amplias muecas, toma mi mano
para andar por un bosque brioso.
Sensaciones sin aliento colman mi oído,
fulminando a la pequeña que siempre se queda
cuando, al abrir la caja, sus hermanos escapan.

Gitano de nombre azaroso (el que sea),
cuéntame tu secreto,
el cual hará que mi herida no duela;
nunca pensé una contestación tan sencilla,
hasta que dijiste: "que mi padre te cure".
Días de acopio inventados por millares...
y mis niños con hambre se mueren de risa.
Tomando el arte a manera de juego,
comienza a germinar el cinismo,
latente en unos ojos que miran chueco.
Alargo el preámbulo distancias astronómicas,
asegurándome no poner el punto final...

No hay pegamento tan firme para unir dos mundos,
al final enlisto mis estados de ánimo.
Pero hay algo que sigo sin creer:
la inoportuna Cenicienta sigue perdiendo su zapatilla,
por cada paso dado decide ser benefactora de cojos.
Si todo dependiera de una mirada,
ya te habría enamorado.



miércoles, 3 de octubre de 2012

Un Análisis Imposible

Al humano le pasan cosas malas
cuando está oscuro,
es cuando su vista
se vuelve más engañosa.
Todo trabajo se vuelve arduo,
llega el cansancio
y perece el espíritu,
tan habituado a la luz.
Cruel es,
yo diría que demasiado,
nuestra ilustre progenitora,
aquélla que nos da la esencia;
no se tienta el corazón.

No debería expresarme así,
se me debería secar la boca,
empezar  a escupir sapos sin ancas,
para que al mandarlos a volar
se terminen arrastrando.
Fácil es,
echarle la culpa de nuestros pecados,
pero el motivo no es errado.
Si es que parece que soy vacilante
y que el punto es intocable para mí,
es parte miserable de lo que cargo.

¿Cuánto es suficiente para el humano?
No concibiendo límites
para ciertas existencias,
cree o termina creyendo
que consigo mismo no la hay.
Que tome la corona de ganador,
que de algo sirva
el esfuerzo por darse cuenta.
En un riguroso ordenamiento,
donde no hay cabida
para estruendosos emplazamientos,
ahí se halla él:
el objeto se mis pesares meditativos.

Inacabables apelativos
se originan en lo medular de mi boca,
únicamente para ser desechados.
Me retuerzo carcajeante
al notar la homogeneidad
del espectro que sugieren mis papilas.
Confirma a mi espíritu
que de la misma naturaleza provienen,
tanto el infausto palaciego
como el beato tiradero.
Más tarde que temprano,
tiende a entrar en percepción
todo el bolo alimenticio,
que es la disputa por la neblina
del reino de las tinieblas.

Juguetones mozalbetes
de enjuto andar,
no hacen más
que lo que de esencia viene.
(Pido clemencia,
yo no los inventé,
el tiempo los conceptualizó.)
Y desde mi epojé
aseguro mi insanidad,
para así vislumbrar,
en el horizonte infinito
de mi indeterminismo,
la evanescente y ficticia nada.
Al encontrarme en el risco
tan poco deseado por los paradigmáticos,
tal como vine al mundo,
emplazo lo triste de mi caída.
Pero ¿caer?
¿Caer a dónde?
El incinerador trabaja horas extra
para volver lo ininteligible
la composta de la insanidad siguiente.


lunes, 1 de octubre de 2012

Equinoccio (la verdadera PRIMAVERA)

La trabazón me drena mis poderes,
claro que es notorio,
pues mi tristeza no es buen consejero.
Sin embargo, como en todo iceberg
el noventa porciento permanece oculto,
hace que la melancolía mute en ira.
Tanto grito desgañota mi esperanza;
mi ser, cansado de llorar,
se oculta en su coraza,
esperando la verdadera primavera.
Invito a un baile de muchos
a los que creen que son únicos en la fiesta,
paciencia no me falta con aquellos,
pues son culpables y no a la vez.
Finjo comprensión para los más duros,
sabiendo que a cuentagotas
los embates cuartearan
tan reacia protección.

¿Cuánto más tendré que esperar?
A cada paso dado
mi sangre se ve menos espesa
y se siente menos escarlata.
Pedazos de esperanza
caen de entre mis dedos,
sólo quisiera que el tocarte
de algo sirviera.
Antes que la última gota de mi plasma
evanesca,
mi alma clamará
el tan ansiado torniquete.
Todos aquellos métodos codificantes
surgidos a borbotones
me allanan de forma tan agresiva,
que hasta a veces
le aplico el método meditativo
a la totalidad de lo surgido de mi testa.

En verdad,
si las marcas en el papel
dejadas por mi manía
fueran tan descifrables,
tendría que morir
para que de algo sirviera el mensaje esperado.
Posiblemente,
el subsecuente nivel
me roba la esperanza de una llamarada,
capaz de incinerar
cualquier corpúsculo itinerante.
Exploto por dentro,
queriéndolo hacer de verdad:
fabricar ensoñaciones
y matar la insensatez cognoscitiva.
Ya lo dicen los que lo han logrado:
"no hay camino,
que aunque arduo no parezca,
que no haga surgir carmín de los poros,
para acabar con dos milímetros avanzados,
pero más que lo que puedes avanzar
sólo esperando". XD

La fuerza que nunca tuve
ahora se está resintiendo.
Todos esos pasos nunca dados
empezarán a derrumbar
toda esa ausencia.
Me evaporo, cual humo de incendio,
sólo quedando lo digno para la tierra,
fundiéndome con la nada,
justo origen del caos.
Si alguna vez,
por pequeña que fuera,
estuviera dispuesto
a no dejar nada a los buitres,
quizás así...
todo deje de doler.