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lunes, 30 de mayo de 2011

Mi disculpa ha sido dicha (Erató)

Y resultó que la Poesía
me había nombrado,
llamándome
como no lo hacía otro;
lloraba, eso sí,
porque la había despreciado.
“¿Quién te crees tú,
necio pensador?
que de la belleza poética
te burlas.
Mis aguas no las toman
los no elegidos,
y tu reniegas
hasta de mi persona.”
¿Qué podía yo hacer
con tal afrenta?

Disculpas pido
ya que apologista soy.
No me queda más
que a sus pies rendir
todo mi ser
y toda mi persona.
Sólo algo exijo
a cambio de mi alma:
darme el poder
de la alta expresión.
Hacer llorar las piedras
es lo que pido,
convencer al mundo
de mi sentir,
dejar de llorar
y empezar a reír.

No nací hombre de letras,
es mi pecado;
soy hombre ciencia,
no lo he negado.
Ciencia de la más grande
es honor de pocos que la piden:
este soy yo.
No quiero defraudarte,
¡oh! mi gran amor;
no es mi deseo,
no es de mi corazón.
Únicamente amarte quiero
y de la manera mejor.
¿Cómo puedo hacerlo
de mejor manera?
Robando no,
pues esa es la queja.

Poesía me lo ha dado
a cambio de algo;
no necesita de mí
toda mi devoción,
lo único que pide:
mi comprensión.
Soy humano,
otro ser no soy;
mal educado,
ese fue mi gran error.
Espero entiendas,
¡oh! mi gran pasión;
dejarte no quiero,
eso me destruiría.
Si hombre de ciencia
me creo;
hombre,
lo primero que he de volverme.