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domingo, 19 de agosto de 2012

El Zanquero Humano

Les voy a contar una historia con el temor que me tachen de chismoso. Iba yo caminando por el metro cuando me topé con un sujeto, el cual tenía un aspecto particular. Corto de cuello y de brazos, pero de largo caminar; como si la parte de arriba de un enano fuera y la de abajo de un torpe gigantón. Miedo tuve al preguntarle el porqué de esa peculiaridad, mas me sorprendió la respuesta, no era errado lo que imaginaba.
—Joven —me dijo el sujeto—, yo desde nacido fui corto de estatura. Mis genes no fueron buenos, decía la burla. Así que no dudé en alargarme con una dolorosa (y costosa) intervención.
En ese instante lo importuné con una sencilla pregunta: ¿Por qué?, si había alargado sus piernas, ¿no hizo lo mismo con los brazos?
Compungido se volvió el rostro de aquel extraño personaje. De sus labios arranqué la respuesta: “¡Diablos! ¡Ni loco lo haría!” Me explicó que después de tres cirugías no sentía los dedos de los pies. No quería el funesto destino para los que de sus manos eran partícipes y —según él—, cómplices en el arte y las travesuras. Decíalo en el justo momento en el que su rostro hacía una mueca picaresca.
Sin ganas de hacer más preguntas, dejé ir al desgraciado sujeto. Nada más quería saber de él.
“¿Por qué?” Me cuestionan ustedes.
He aquí la respuesta:
No podía —en mi corto raciocinio— entender a este tipejo, el cual se cortó y pegó las piernas para verse más estético. Quizá debió haberme pasado lo mismo, para comprender al sujetillo. Presionado por una sociedad de laguiruchos, los cuales no ven para abajo, en donde pululan estos humanos. De niño soportar las burlas, de adolescente los rechazos, para llegar a adulto comprendiendo que ese defecto no es su culpa.
Injusta fue la sociedad pseudo-elitista, que a éste le nubló el juicio, a diferencia de los otros —que aceptan su burdo estado—, hizo de sí mismo un lujo; no sé si a propósito o sin más remedio.
Al detallarlo con la mirada supe el origen de su profesión: personaje de algún show de circo o feria, sin dudarlo algún momento. Con esas manos de instrumentista —inconfundibles a simple vista—, con sus restos de maquillaje —a un lado de su barbilla—, y con ese andar gracioso —como si caminara sobre algo—.
La naturaleza de sus travesuras ya depende de mí mismo. No imagino qué tipo de perversiones o algún otro vicio tenga tan bizarro espectáculo “andante”. Lo que sí llega a mi mente es el nombre de este atrofiado, que no sé si sea poco creativo, pero es el más atinado. “El Zanquero Humano” veo en las marquesinas, donde este desdichado se hincha de dinero.



sábado, 11 de agosto de 2012

Pueblo de Hoy #SomosOro

Si me dicen que provine de una lucha,
yo no lo recuerdo.
Una acumulación de sucesos aislados
quizá formó mi esencia actual.
Pero de algo creo estar seguro:
que mínimo tengo un sueño,
o al menos eso a veces.
En realidad, si de algo no carezco
es de lo que me hacen creer los otros,
que son como usureros sociales,
y los supuestos dueños de lo que piso.

Llevo milenios aceptando lo que soy,
dicen que es donde pertenezco.
Quizá mi miedo
es tan arraigado
que tensa mi nervios,
y la inactividad —mi bien más preciado—
es lo que me dice que vale la pena.
Quizá me están engañando
y los otros son los que me temen,
por cómo me llamo,
por cuál es mi historia.

Desde que nazco viene tatuado en mí,
en mis genes,
el ritual que es mi doctrina,
que al serme relatado
desencadena mi despertar,
la toma de lo que me pertenece,
de lo que gané con mi esfuerzo.
Encadenar a una bestia
es por miedo a su poder;
la forma en la que lo hacen en mí
es distrayendo mi trayecto,
o cortando mis alas.

Poner un dique a tan caudaloso río
no es recomendable
si el cauce aumenta a cada lluvia.
Si de otro modo se llevara tal poder
no tendría que estar rota
alguna otra madera.
Pero si de algo en verdad soy culpable,
es pensar en algún momento
que tenía un dueño.
Pues dueño soy desde el momento
en el que hago que respeten mis decisiones.
En tal caso requiero un representante,
que si no rinde buenas cuentas,
lo haré yo mismo,
como debió ser desde un principio...

Y si vamos a hacer las cosas
ahora hay que hacerlas bien,
no dormirnos en nuestros laureles
para que la marea no nos vaya a llevar.
Que si esperas un momento indicado
sentado vas a acabar;
instantes son los que creamos
cuando nos decidimos a actuar,
dejar de ser manipulados:
el no estar dispuestos a sólo acatar.

Ningún pueblo debe ser esclavo
de un gobierno de ineptitud,
que no sé cómo llamarle
para que se oiga de la mejor manera.
No le enchulemos el culo
a las verdades apestosas;
que por eso ya hasta lloramos.
Empecemos purgando las alimañas
que han entrado a nuestra sangre,
y borran con sus nubes hasta la mejor mirada,
pues si empezamos una lucha
al menos podamos esquivar los golpes.


Desahuciado Imperecedero

No podré irme a gusto hasta que haga esto,
pues llegando a la cúspide nada habrá valido,
en ese punto habrá salido de mi organismo.

El dar armas a mis dectractores no surgió de mí,
tal plan lo ideó el que por tonto me toma,
y al final se burla cada que le veo.
Sólo quiero agregar algo
—en mucho tiempo, lo primero—:
los agradecimientos van el el buzón.
Porque si a alguien queremos dejar muerto
debemos cumplirle su último designio.

Puesto que dos cosas no caben juntas,
y lo sigues intentando,
entonces no termines siempre llorando
cuando algo se rompa.

"Si soy buen enemigo de alguien,
es del que iguale mi poderío",
dice el malvado hechicero.
"Esos años ya pasaron",
contesta su sirviente.
Al oír la sentencia, muere de desconsuelo,
no sin antes haber vuelto un maldito
al ya desdichado mensajero:
un espectro vagabundo
que apuesta uno de sus dos sentidos
para alimentar alguno de sus vicios.

Sus pecados favoritos,
gusto y tacto,
no hacen más que volverlo malo en el juego;
para que al final pierda su materialidad.
Vista y oído
lo vuelven un confiado
que apuesta a perder...
acabando como un inanimado.
Al menos olfato
sólo lo vuelve malo en adivinanzas.

Ahora a sucumbido al dolor
—su placer suculento—,
y pide que su urna
sea puesta de cabeza.

Nunca supe que ese reloj
traería nuevamente los tiempos aguerridos.

Tanto interludio por explicar
que como esas muñecas hechas de blanco y negro,
albergamos dentro a cientos más,
con infinitas tonalidades de reflexivos plateados.
Con sólo dos características:
ésta quiere ser olvidada.
Quizás así la de mañana,
a pesar de despreciada,
se vaya con bombo y platillo.

sábado, 4 de agosto de 2012

Quise hacer tu retrato

Quise hacer tu retrato
pero no sabía que utensilios usar.
Pude aplicar algo demasiado barroco
o tirándole a lo surrealista,
si no utilizara demasiado abstracto.

Al iniciar con los bocetos
no supe recrearte cómoda y holgada,
menos en la propiedad de una pose.
Cuando quise copiar la profundidad
de esa que es tu mirada,
no recordé ni el color ni la forma.

A pesar de recordar tu olor
no pude siquiera describirlo,
a pesar de saber tu número de lunares
no pude a todos ubicarlos.

El tacto de tus manos,
aunque de lo mejor del mundo,
nunca vi de dónde provenía.
Y no me puse de acuerdo
con la tonalidad de tu cabello.

Luego descubrí que no eras persona,
sino como espejismo de mi mente.
Descubrí que tu retrato
ya no podía ser pincelado.


Dicho del Abuelo

Procuras ser muy correcto,
darle forma a cada uno de tus hijos
que como mensajeros se advierten;
pero siempre salen rebeldes...
Teniendo en cuenta
que pasarán por muchas bocas
antes de ser bien recibidos,
no puedes controlar su camino tomado.


A menos que estés sentado
todo el tiempo enfrente
de aquél que será su interlocutor,
para cuidar lo que piense de él.
Por eso hay que ser prudente
en dónde y cuándo dejar semilla,
para que mañana al despertar
no tener que cosechar ventiscas.