Procuras ser muy correcto,
darle forma a cada uno de tus hijos
que como mensajeros se advierten;
pero siempre salen rebeldes...
Teniendo en cuenta
que pasarán por muchas bocas
antes de ser bien recibidos,
no puedes controlar su camino tomado.
A menos que estés sentado
todo el tiempo enfrente
de aquél que será su interlocutor,
para cuidar lo que piense de él.
Por eso hay que ser prudente
en dónde y cuándo dejar semilla,
para que mañana al despertar
no tener que cosechar ventiscas.


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