Powered By Blogger

sábado, 11 de agosto de 2012

Desahuciado Imperecedero

No podré irme a gusto hasta que haga esto,
pues llegando a la cúspide nada habrá valido,
en ese punto habrá salido de mi organismo.

El dar armas a mis dectractores no surgió de mí,
tal plan lo ideó el que por tonto me toma,
y al final se burla cada que le veo.
Sólo quiero agregar algo
—en mucho tiempo, lo primero—:
los agradecimientos van el el buzón.
Porque si a alguien queremos dejar muerto
debemos cumplirle su último designio.

Puesto que dos cosas no caben juntas,
y lo sigues intentando,
entonces no termines siempre llorando
cuando algo se rompa.

"Si soy buen enemigo de alguien,
es del que iguale mi poderío",
dice el malvado hechicero.
"Esos años ya pasaron",
contesta su sirviente.
Al oír la sentencia, muere de desconsuelo,
no sin antes haber vuelto un maldito
al ya desdichado mensajero:
un espectro vagabundo
que apuesta uno de sus dos sentidos
para alimentar alguno de sus vicios.

Sus pecados favoritos,
gusto y tacto,
no hacen más que volverlo malo en el juego;
para que al final pierda su materialidad.
Vista y oído
lo vuelven un confiado
que apuesta a perder...
acabando como un inanimado.
Al menos olfato
sólo lo vuelve malo en adivinanzas.

Ahora a sucumbido al dolor
—su placer suculento—,
y pide que su urna
sea puesta de cabeza.

Nunca supe que ese reloj
traería nuevamente los tiempos aguerridos.

Tanto interludio por explicar
que como esas muñecas hechas de blanco y negro,
albergamos dentro a cientos más,
con infinitas tonalidades de reflexivos plateados.
Con sólo dos características:
ésta quiere ser olvidada.
Quizás así la de mañana,
a pesar de despreciada,
se vaya con bombo y platillo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario