V
Únicamente la dosis necesaria,
con eso corregimos el dolor.
Angustia y desesperación
juegan al escondite,
ni para comer van a llegar.
Lo venden como la necesidad imperante,
aquellos comerciantes del amor,
cuentos a la medida del espectador.
Gime,
la lágrima necesaria hay que arrojar.
Suspira,
la extrañeza una arteria tiene que destapar.
El producto mágico tiende a tentar
a aquellos que se muestran nubarrones,
ahora definido comienzo a divertirme.
Simple,
de eso no queda duda.
Barato,
a eso quería llegar...
Si esto es lo que reconforta,
creo que volveremos a comenzar.
Al final, si sólo eso te espra
encontrarás con qué pagar.
VI
El miedo a la bilirrubina siempre me anula:
dejar que tu esencia sea absorbida
para luego retornar descansada
en un mundo donde el sueño se prohibe.
Recapitulando todos los granos de arena,
ni para un reloj te queda.
Ese último empujo a la cordura
deja al pequeño animal sin ternura.

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