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miércoles, 11 de julio de 2012

Elucubraciones del Abismo 1: Autoconciencia

I

Con sólo dos versos la sorpresa asalta mi templo,
más de un millón de suspiros robados,
trillones de cartas distintas quemadas.
Puede que sólo me falte lo que no aprendí de niño,
puede que sólo no sepa llegar a puerto,
sólo sé que soy el hijo incómodo de una casi curva.
Mentiras ya no brotan de mi boca,
todo permanece incólume hasta que la última palabra termine escrita.

De retazos forjas tu espíritu luminoso,
terminas destrozado al saber la verdad,
sólo tú eres el espejo, el punto de entropía.
Cuando te enteras de que es más fácil ir abajo,
tratas de todo volver de cabeza,
cantando bajas notas que uniforman lo Todo.
Pensándote dueño, terminas lacayo
del Imperio vasto que te hace el igual.

Simple... ¡claro!

Los grandes pedazos ya pasaron,
ahora la suma de pequeños es lo constante,
infinitas formas hay para llegar al uno.

Verborrea sangrante, cae, y deja que tu río se lleve lo que no es.

II

Fragilidad insensata, escudo inalterado.
(Eso le dice al mundo más de lo que espera.)

¿Acaso rompe el temor algo ya roto?

Por eso hay que asirse del aire,
el caer no es digno de estudio.

El pequeño y habilidoso sujeto
me agarra de mis astas
y me obliga a repetir el conjuro,
tantas como la hipnosis mantenga la vigilia.

Cada una de las vidas ganadas
serán ocupadas para golpear al clavo sólo una vez.

Entonces, toda miseria,
toda justificación,
será el recuerdo de un dolor,
tu nacimiento.


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