Mi dialéctica me lleva a lugares donde la resolución del problema es la nada. Donde yo no tengo ninguna cosa que decir con respecto a la naturaleza, porque la naturaleza se explica a sí misma. Donde la naturaleza niega aquella palabra surgida de mi persona lógica y completamente aislada de lo que está observando. Las analogías llenan cada uno de los vacíos que esta existencia va dejando con las significaciones de las cuestiones dadas desde el nacimiento.
—Muero...—
Muero pensando en ti y en todas las cosas que tú no eres. Y no sólo en ti, sino en cada una de las cosas que algún día fueron algo para mí. ¿Qué es para mí el dialogar conmigo mismo cuando no hay nada que expresar de mis adentros? ¿Qué voy a hacer conmigo mismo cuando el vacío me deje seco, como si fuera un tronco drenado de sus entrañas, y sólo quede la corteza de lo que alguna vez fue vida?
—¿Y qué es la vida si yo te la digo? Te la puedo explicar con las mismas palabras que la muerte, cuando ésta se muestra en tu boca cada que la pronuncias.—
¿Por qué...? ¿Por qué se muestra ante uno de una forma incesante de flujo cesante? Luego cesa y uno no puede hacer nada al respecto, mas que cesar con ella; y si no ceso con ella se iniciará la próxima incesante, marítima y superflua revolución incestuosa. ¿Y por qué incestuosa? Porque es conmigo mismo.
—Tú eres el único que debe entender que no hay nada absoluto y totalitario en las cuestiones referentes a los humanos dentro de la naturaleza. Tú, y sólo tú, eres el único que no podrá entender lo que tú mismo explicas.—
¡Ya sé! Eres el producto de una inseminación cuasi-artificial de un sexo que nunca se prolongó hasta el final. Estás donde la precocidad humana, desde su concepción, se aferra a unas estúpidas imaginaciones, donde el mundo será todo cuando en realidad nunca lo fue. ¡No, no eres eso!
—No tienes por qué sufrir, menos por eso. Antes lo hiciste, ya no lo tienes que volver a hacer, hoy no. Si antes fuiste feliz, ahora no tienes por qué serlo, busca algo más. Y sólo porque algo ya no existe, no significa que no volverá a existir, aunque no sea igual. Tú crees que todo es eterno, pero en realidad lo único que se queda en tu mente es el recuerdo de algo que ora tú cortaste, ora enmarcaste y ora sobrevaloraste... y que perdiste en el justo momento cuando dejaste de sentirlo. Lo dejaste de sentir y ya no fue tuyo, como tuyo ya no eres tú mismo después de haber expresado las últimas palabras de desasosiego.—
¡No es así!
—¿Ahora qué harás?—
Lo pensaré mejor. Pensaré en lo que mañana va a ser y que se bañará en el mismo río, que ya no es él, por el simple hecho de que su flujo cambió... y mi vida se extingue.
—Al final, cuando tú lo expliques será una tontería, pero cuando otro lo explique, será la más grande verdad del mundo.—


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