A veces se me figura que renuncio a más de lo que se espera, no sin
antes haber fallado de miles de maneras. Me siento con la cabeza rota, por eso
es la existencia de la materialización de mis heridas. No me siento conforme
todavía, aún me queda mucha vitamina y muy pocos lugares donde desfogarla; a cada
embate mi piel se torna infinita. Expulso demonios… y ese ya parece mi negocio,
arrojar al mundo mis peores engendros a que aterroricen a la muchedumbre; más
que un lujo, es todo un placer. Luego no me pregunten por qué me estoy
consumiendo, al final ésta es la forma como yo me descompongo… no es lenta,
tampoco demasiado rápida como tragar espadas. Al parecer me conformo con
masticar pequeñas navajas para no perder la costumbre, es asqueroso ver cómo me
sangran las encías. Todo es vómito correoso, ácido, quemante; a lo que me
dedico llamarle hijo, lo que menos me importa es que sea bonito: tan parecido a
su padre. Y si he de describirme: tengo en mi único pie un callo, en la frente
una mano extra y mi piel es de material cerámico; como reptil, busco el golpe
de sol directo en mi rostro y soy de lengua viperina.
Por momentos pierdo mi finalidad, subsumiéndome en lo bello,
pecando con conciencia y dejando que me lleve el viento. He conocido lugares
fantásticos, aunque sólo haya sido en sueños. Soy fan de las confesiones, y
ansío quedarme desnudo para que así las peleas sean de lo más parejo; pero si
tú no me dejas, te sacaré el arsenal completo. A veces no sé a quién le hablo o
si nada más escribo, me mortifico por bagatelas y voy de regreso a mi refugio.
Me encanta ver como todo vuelve a comenzar… como copia o en segundo plano. Es
lo dulce de la guerra y yo ataco con lo que tengo en la mano. Te lo voy a
explicar quedito, a ver si de esa manera si te entra: te metes conmigo, te
metes con toda la pandilla. No es que me crea buscabullas, sino que sólo me
defiendo, trepanándote las ganas y dejando que te desangres por la yugular. Soy
de textos largos y también de bomba atómica, me cubro de gloria hasta que me
canso de atacar. Mi aire no es infinito, únicamente sé respirar, porque si a
correr nos retamos yo no gano en velocidad pero sé que más lejos voy a llegar.
Habiendo crecido corto de vista ejercité mi atrofiada inventiva,
que va lanzando logros sin ritmo. Quisiera con dos saltos llegar al espacio,
por eso el dolor de tanto estirarme las patas. Soy fuego de naturaleza humana,
cálido en tu hogar, empero, si me dejas encerrado te incendio la colonia
entera. No puedo dejar de jugar y ya me sé el final: consecuencias. Sin embargo
ya deje de llorar. Le recomiendo a la gente que no me desesperen, que si me
llevo no me aguanto para luego hacer un berrinche, buen pretexto para armar
desmadre. Ojalá al obtener lo que busco me quede con el sopor del drogadicto, pues
no quisiera ser el que tengo a mi lado. A pesar de que hace poco empecé a
afilar los colmillos, no significa que no los tenía lo suficiente agudos,
solamente quiero perforar la piel de los elefantes. ¿Vanagloriarme del dolor
ajeno? ¡Jamás! Sólo quiero en condiciones justas competir, golpearnos con la
misma mano: “Abogar al mejor juez que tenemos para que te explique, con
manzanas, que en un ‘quién-vive’, mi sangre pesada es un arma para ganar.”


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