De púrpura me pinto,
soy incapaz de ver otro color.
Mi lacerado intangible
desmotiva la luz en mis iris.
En mi búsqueda por el sonido
plugo la condena
que desmorona lo sublime
y me subsume en lo carnal.
Incapaz de llanto,
cuelgo por el cuello
sueños sin cabeza
que me miran sin pestañear.
La tortura soy yo:
mi fuego incontenible,
reconocible al contacto,
incinera mis entrañas
al dejarlo encerrado.
Ha llegado la hora conmemorativa,
marcada en la ausencia
de las palabras definitorias.
Ahora cual mercancía,
complazco con crédito infinito,
demostrando aquel truco
adquirido, inventado, deformado...
Sufro... pero no me duele.


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