Estoy frente a ti, viéndote a los ojos, pero no resisto ni siquiera tres segundos, no resisto ni siquiera lo suficiente como para que sepas lo que deseo. Agacho la mirada y doy un fuerte suspiro, tan fuerte como para que los que están a nuestro alrededor se den cuenta de todo lo que esto significa menos tú.
Creo que es mejor no despegar la mirada de lo que en verdad parece importante: mi vida, mis gustos, mis preocupaciones, mis deberes… un libro. Trato de olvidarme de ti, seguir con mi vida; probablemente cualquier otra sepa lo que sale de mis adrentos con sólo esa corta mirada, siempre hay que decir algo.
Todo es mi culpa, al final todo es mi puta culpa; por enamorarme antes de la primera mirada, por pensar que todo ya ha sido dicho antes de decirse, por querer todo o nada desde la primera vez. Tal vez no me sé explicar (mi eterno dilema).
Hemos llegado al final de nuestro viaje y todos los demás nos dan a entender que sólo tenemos que cambiar de camino. Te dejo de ver por un tiempo y me doy por bien servido por lo que ocurrió y dejó de ocurrir entre nosotros. Aunque sigo pensando en ti sé perfectamente que tú si me viste ni te acuerdas.
En el momento en el que llega mi arrepentimiento me doy cuenta de que probablemente seguimos destinos parecidos. ¡Por Dios! Si en verdad es lo que creo te estaré eternamente agradecido. Esta vez será diferente, hablaré con ella, le diré lo que en verdad quiero con ella; de mínimo me sonreirá y me seguirá la corriente. Pero más rápido te pierdo de vista que si me imaginara a tu lado haciéndote reír una y otra vez.
¿Por qué no aprendo? ¿Cuándo se me quitará esta timidez y me dignaré a hacerle la plática a alguna de las chicas que me gustan en el metro…? Mierda, ahora tomaré puro taxi. De mínimo los taxistas te hacen la plática y si no quieren no, ¿a quién le importa eso?
Creo que es mejor no despegar la mirada de lo que en verdad parece importante: mi vida, mis gustos, mis preocupaciones, mis deberes… un libro. Trato de olvidarme de ti, seguir con mi vida; probablemente cualquier otra sepa lo que sale de mis adrentos con sólo esa corta mirada, siempre hay que decir algo.
Todo es mi culpa, al final todo es mi puta culpa; por enamorarme antes de la primera mirada, por pensar que todo ya ha sido dicho antes de decirse, por querer todo o nada desde la primera vez. Tal vez no me sé explicar (mi eterno dilema).
Hemos llegado al final de nuestro viaje y todos los demás nos dan a entender que sólo tenemos que cambiar de camino. Te dejo de ver por un tiempo y me doy por bien servido por lo que ocurrió y dejó de ocurrir entre nosotros. Aunque sigo pensando en ti sé perfectamente que tú si me viste ni te acuerdas.
En el momento en el que llega mi arrepentimiento me doy cuenta de que probablemente seguimos destinos parecidos. ¡Por Dios! Si en verdad es lo que creo te estaré eternamente agradecido. Esta vez será diferente, hablaré con ella, le diré lo que en verdad quiero con ella; de mínimo me sonreirá y me seguirá la corriente. Pero más rápido te pierdo de vista que si me imaginara a tu lado haciéndote reír una y otra vez.
¿Por qué no aprendo? ¿Cuándo se me quitará esta timidez y me dignaré a hacerle la plática a alguna de las chicas que me gustan en el metro…? Mierda, ahora tomaré puro taxi. De mínimo los taxistas te hacen la plática y si no quieren no, ¿a quién le importa eso?

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