Un grupo de termitas se ha llevado mi techo,
y después de eso veo al Sol.
Cualquiera diría que la lluvia llevará al averno toda pertenencia de valor.
Mira, podré al firmamento hacer bailar con mi voz,
pero es cosa sencilla sólo para mi canto.
Es parecido a cuidar al ave de paso,
ahora cada amanecer será más bello...
o quizás no.
Los más dicen que es el ego gimiendo por autosatisfacción,
yo, que sólo es una persona con nuevas alas.
¿Quién te crees tú? ¿Quién eres?
¿Crees que por suerte de dados el cielo es tu consorte?
Deberías decirle a la eternidad que se congratule con el que te desarmó.
El Sol quema, la lluvia se agota,
y tú conociste al mundo como no se cuenta en la literatura,
tus ojos son los redactores.
Poder,
nunca lo hubo.
Paz,
tan posible como el cuerpo estático.
Me atacan,
pero yo pregunto de qué lado cae su balanza.
Fulmíname con un verbo.
Sólo un pequeño toque al nervio correcto
y todo quedará en trizas.
Al rearmar, dentro de mi casa,
y seguirán por la eternidad luchando:
yo y mí mismo.
Porque después de todo, si tú no me lo enseñas,
antes de mi viaje último alguien habrá tenido piedad,
y si no,
no funcionaba.
Pujo para esfumarlo de mi ser,
sin novedades.
Al final,
los sesos me jalan hacia el cielo
y los genitales a la tierra,
eso es mi único equilibrio.

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