Powered By Blogger

domingo, 15 de abril de 2012

A otra cosa, mariposa

Despertando esta mañana funesta me doy cuenta de que ya no estás aquí, de que nunca volverás a estar. Odio todas aquellas veces que saliera huyendo. Ahora que estoy aquí no hay nada que hacer. Cada uno de los trozos de mi vida se funden para crear una nueva vida alejado de aquí. Es lógico pensar que se va a actuar de esta manera cuando el dolor es más grande que el placer. Y bien... heme aquí.


   Cada que recorro la vista a través de la habitación me doy cuenta de que ya no hay nada para mí, nunca lo hubo; pero no puedo sumirme en la desesperación, ya viste que los placebos no ayudan... hay algo más. Ya no me voy a quedar aquí esperando a que los demás estén despiertos, pero no quiero dejarlos así. Duele, por eso no quiero verlo. Cada que exhalo esa última bocanada de aire sé que todo volverá a rebotar.


   "Ya no hay nada para mí, nunca lo hubo", esa expresión brotará de mi voz cada que esté frente a todo. Caminaré, y mis pies --aunque sangrantes-- no están cansados. Funestos son los días de ayer, uno nunca va a poder negarlo... En serio, no los dejes. Aunque tú te mueras en ese salto, no debes olvidar el porqué lo haces. Porque esa empatía te traga vivo y tú nunca sabrás si de algo funcionó ese estúpido súper poder. Mi expresar siempre fue incoherente, rebosante de redundancias; soy demasiado de mi mismo que no puedo creerlo. Gente, hazme un sangrado escuchándome.


   No me merezco nada en este mundo, todos esos años de ayer ya se perdieron; y ahora quedo yo, acompañándome de nada más. Contando con que no es la primera vez. Esa lógica de la que hablaba estaba generada en espejo y ahora resulta que es más fácil apagar el fuego que prenderlo. Silencio, así es como nos comunicamos. Hemos terminado, pero apenas el primer capítulo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario