del vuelo en el que estoy,
me doy cuenta que mi sombra
se torna imperceptible aquí.
Y al sumar altura a mi viaje
—cual Ícaro emplumado—
sufro por el miedo a la caída,
cuando tentado por su luz
el Sol muestre mi limitación.
En el aire todo se ve nimio
comparado a esta sensación,
el problema es encontrado
cuando se va a aterrizar.
Vivir la eternidad en vuelo
—mi deseo encarnado—,
correspondiente a años
de vivir estancado.
No critico una,
lo hago con ambas.
Condiciones humanas
con beneficios al lado.
Sólo el no estar atado
concierne a azares del destino
o a algo más grande estipulado...


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