I
Ligera sobrecarga
y nada avanza.
Lo peor
es que el cansancio no mengua
y los fluidos siguen saliendo.
La vista se nubla
y lo único que se oye
es un susurro,
que es mi eco respirando.
Apolo no me quiere,
Dionisos me reclama.
Lo único lógico es ir hacia atrás
y pedir la ayuda necesaria.
Es como una carta de despedida,
pero sin ir a ningún lado.
El cambio
está en la puerta
y no lo quiero dejar pasar...
II
Ocultar las cosas bajo la alfombra
ya pasó de moda,
no hay malos en esta historia,
sólo seres humanos,
y aun así,
nadie queda conforme.
Es hora,
te toca a ti mirarte
en el enorme espejo que has creado,
y al final
verás lo infinito
de esa luz que tanto se te negaba.
Peor que no tener los pies en la tierra
es tenerlos clavados a ella,
así que sólo tienes
que correr hasta el cansancio.
III
El crimen se muestra
con rostro desconocido,
dejando en la nieve
al poco mesurado.
Los hechos se dejan ver
como cartas de victoria
para el mejor apostador.
¿Por qué corres
si a los testigos
se les puso una venda?
El único que te recrimina
se halla encerrado en un reflejo.
Una promesa de redención
que quizá nunca llegue.
La silla te espera
porque la cita
siempre ha estado hecha.
El camino hacia ti
está trazado de carmesí.
IV
La pasión no se extingue
pues su origen es una estrella
cuyo centro es un hoyo negro,
consumiendo todo a su alrededor
y absorbiendo los vestigios.
Aquel ser inmortal
—nacido muerto sin saberlo—,
está en espera
del momento menos indicado
para opinar,
y decir que todo era mejor
antes de que se hiciera.
Te sientas a esperar
a que todo se reinicie,
ya que llegaste tarde la vez anterior.
Cosas sin sentido
más ciertas que nunca.
Correr por huir
en lugar de hacerlo para llegar.
Hacer las cosas
para recibir castigos,
y en su lugar
recibes recompensas…
que te vuelven aún más pobre.
Pero hubiera sido peor
permanecer escondido.
V
La única explicación que quieres
está en palabras que no comprendes.
Si resuelves el enigma,
pierdes.
Hay historias
en las que es mejor
no conocer el final...
y que no importe su principio.
Ligera sobrecarga
y nada avanza.
Lo peor
es que el cansancio no mengua
y los fluidos siguen saliendo.
La vista se nubla
y lo único que se oye
es un susurro,
que es mi eco respirando.
Apolo no me quiere,
Dionisos me reclama.
Lo único lógico es ir hacia atrás
y pedir la ayuda necesaria.
Es como una carta de despedida,
pero sin ir a ningún lado.
El cambio
está en la puerta
y no lo quiero dejar pasar...
II
Ocultar las cosas bajo la alfombra
ya pasó de moda,
no hay malos en esta historia,
sólo seres humanos,
y aun así,
nadie queda conforme.
Es hora,
te toca a ti mirarte
en el enorme espejo que has creado,
y al final
verás lo infinito
de esa luz que tanto se te negaba.
Peor que no tener los pies en la tierra
es tenerlos clavados a ella,
así que sólo tienes
que correr hasta el cansancio.
III
El crimen se muestra
con rostro desconocido,
dejando en la nieve
al poco mesurado.
Los hechos se dejan ver
como cartas de victoria
para el mejor apostador.
¿Por qué corres
si a los testigos
se les puso una venda?
El único que te recrimina
se halla encerrado en un reflejo.
Una promesa de redención
que quizá nunca llegue.
La silla te espera
porque la cita
siempre ha estado hecha.
El camino hacia ti
está trazado de carmesí.
IV
La pasión no se extingue
pues su origen es una estrella
cuyo centro es un hoyo negro,
consumiendo todo a su alrededor
y absorbiendo los vestigios.
Aquel ser inmortal
—nacido muerto sin saberlo—,
está en espera
del momento menos indicado
para opinar,
y decir que todo era mejor
antes de que se hiciera.
Te sientas a esperar
a que todo se reinicie,
ya que llegaste tarde la vez anterior.
Cosas sin sentido
más ciertas que nunca.
Correr por huir
en lugar de hacerlo para llegar.
Hacer las cosas
para recibir castigos,
y en su lugar
recibes recompensas…
que te vuelven aún más pobre.
Pero hubiera sido peor
permanecer escondido.
V
La única explicación que quieres
está en palabras que no comprendes.
Si resuelves el enigma,
pierdes.
Hay historias
en las que es mejor
no conocer el final...
y que no importe su principio.


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